Montag, 13. Januar 2014

Jorge Amado - Capitães da areia – Capitanes de la arena


Fue hace mucho tiempo que vimos a estos chicos de la calle durante nuestro viaje de vacaciones. Vimos sus pantalones manchados, sus miradas inocentes y sus caras sucias. Sin embargo los recuerdos de estos niños desaparecieron en el día cotidiano. Problemas y ocupaciones nos ayudaron a olvidarlos. Pero desaparecieron realmente de nuestro mundo? En Denpasar, La Paz o Mombasa ninguno de nosotros logra escapar de ellos. Lo logramos aquí – en nuestra patria?
Jorge Amado es uno de los grandes narradores de Brasil. En seis novelas describió la vida en Bahia - su ciudad natal – preciso y sin paliativos, pero también afectuoso y con una linda poesia. Así también en su obra de 1937 – “Capitanes de la arena”. Los héroes de este libro viven en un galpón abandonado, lejos de las calles iluminadas de Salvador de Bahia. Ellos son ladrones, violadores, assesinos, estafadores pero sobre todo niños inocentes abandonados por sus padres, por su país - por nostros.
Amado cuenta la vida de estos niños en una yuxtaposición suelta de relatos breves - divertidos, trágicos e intrigantes. Los niños entre 14 y 16 años viven con su jefe Pedro Bala la libertad absoluta pero al mismo tiempo son prisioneres del desembarazo absoluto. Los dueños de la playa duermen juntos, rien juntos y juegan juntos. Ellos son el susto de la ciudad, un revuelto de adolescentes que nadie encuentra pero que aparecen en todas partes. Nadia conoce Bahía mejor que estos niños que nunca tuvieron una niñez.
Jorge Amado describe la gente de una ciudad brasilieña, cuya alegría de vivir, cuyas tragedias y cuyo calor de verano parecen surgir de las 284 páginas. Cada uno de estos cuentos breves esta finalizado en si mismo. Por eso este libro queda perfecto para los lectores que sólo de vez en cuando pueden vagabundear en las calles junto a Pedro Bala, pierna coja y Jao Grande. Si se lee todo el libro de una sola vez, se puede reconocer de inmediato las imágenes de los niños de la calle en el propio último viaje de vacaciones. No se quedaron detras de los alambres de púas que protegen los aeropuertos. En este momento ellos callejean con una gran sonrisa tratando de sobrevivir.

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